La locura de la pasión – Xavier Dolan

Desde su primer aparición en el Festival de Cannes, Xavier Dolan ha sido llamado muchas cosas: Joven Promesa, Arrogante, Genio, Narciso, Enfant Terrible (¿?¿?) y un largo etcétera. Todos estos adjetivos sin duda son producto de las reacciones tan fuertes que provocan sus apariciones en el prestigioso festival.

Sin embargo, estos términos más que hacer observaciones a su trabajo se las hacen a él como persona (ni si quiera como director), en mucha parte gracias a que su también fuerte personalidad lo ha llevado a tener encuentros no muy agradables con la prensa.

Este año, con su controversial triunfo al llevarse el Grand Prix por Just la Fin du Monde, un filme que no fue nada bien recibido por la prensa, y tras protagonizar un emotivo discurso en la entrega de su premio, Dolan volvió a dividir al mundo del séptimo arte quienes no dejan de cuestionar su habilidad como cineasta.

Dejando estos calificativos de lado (sobre todo el de enfant terrible que en mi opinión es más adecuado para  obras de cineastas como Gaspar Noé y Lars Von Trier) hablaré en este texto lo más objetivamente posible sobre el cine de Dolan, ordenando sus películas de la menos bien lograda a la que considero su obra maestra hasta el momento.

Laurence Anyways

Laurence Anyways goza probablemente del aspecto visual más ambicioso en la carrera de Dolan, por desgracia esto opaca un poco la compleja historia que intenta contar. Los personajes transexuales en manos de otros directores han sido protagonistas de dramas con subtextos profundos que sirven para  ahondar sobre la manera en que la sociedad, la moral, el género y el amor afectan en nuestra percepción del mundo. En este caso la transformación de Laurence sirve para contar un drama casi estrictamente emocional, que si bien en algunos momentos toca algunos de los elementos mencionados no los desarrolla al máximo.

Asimismo, es bien sabido que Dolan además de encargarse de la escritura, la dirección de arte y la dirección general le gusta editar sus filmes, algo que es muy notable en esta producción. Existe una excesiva carga de imágenes que en muchas ocasiones únicamente tienen fines estéticos, lo que aleja al espectador de la trama. No obstante, las secuencias que bailan entre lo onírico y lo real reflejan, la travesía emocional por las que están pasando los personajes y regalan al público atinados instantes que terminan en escenas verdaderamente poéticas.

Una mejor edición hubiera dado a este filme una estructura mucho más precisa que no dejara de lado la belleza visual pero tampoco la importancia de la historia que se está contando.

Les Amours Imaginaires

Heartbeats ó Los Amores Imaginarios fue apenas el segundo trabajo en su carrera donde nuevamente la imposibilidad del humano para relacionarse con otros es objeto del análisis de Dolan, quien en esta ocasión presenta un filme más cercano a la comedia con varios momentos intensos.

La historia es entretenida y visualmente adictiva, la tensión entre los personajes crece de una forma bien estructurada que alcanza un clímax entre angustiante y divertido. Sin embargo, los segmentos de documental no terminan de convencerme y me parece que en lugar de contribuir al mensaje de la película distraen de la historia principal.

Tom à la Ferme

Aunque no es su filme mejor logrado, sí me parece el más interesante de su filmografía. Para su cuarto largometraje Dolan incursionó en territorios mucho más oscuros presentando una historia asfixiante que explora la represión emocional de una forma perversa y claustrofóbica.

Las técnicas visuales que utiliza son parecidas a las del resto de su filmografía, sin embargo en esta ocasión las aprovecha para crear atmosferas oscuras en ocasiones peligrosamente seductoras entre los personajes.

A pesar de que la prensa se esforzó en definirlo como un thriller y un acercamiento a Hitchcock, creo que aunque hace un coqueteo con este género en realidad no tiene la intención de recrearlo, pues existen elementos que están por encima del mantenimiento del suspenso.

Tom à la Ferme es por su contenido y forma, uno de los experimentos más arriesgados e interesantes que ha hecho Dolan hasta el momento.

J’ai tué ma Mère

Con su ópera prima, Dolan consiguió cautivar a Cannes convirtiéndose en una especie de niño prodigio del Festival. El profesionalismo con que está hecho el filme a pesar de ser su primera incursión en el séptimo arte, impresionó a más de uno.

La película goza de una creatividad visual fascinante y probablemente el guión más consistente en su carrera (además de Mommy). Tanto los personajes como el entorno adquieren el mismo peso, convirtiéndose las imágenes en un refuerzo importante para las acciones dramáticas.

Con J’ai tué ma Mère, Dolan hizo una entrada triunfal al mundo del cine, estableciendo rápidamente lo que podemos esperar de una película al ver su nombre en los créditos de un filme.

Mommy

Sin lugar a dudas su película mejor lograda, no por nada la más laureada hasta por sus detractores. Con Mommy, Xavier Dolan logró explotar sus mejores fortalezas para consolidar un trabajo maduro y emocionante, que no pierde la frescura de un autor joven pero que se esfuerza por ser tomado en serio.

Incluso el mismo Dolan admitió que en esta película puso más atención en las actuaciones que en el diseño de vestuario y arte en general, lo cual es bastante evidente, pues a pesar de que visualmente es un filme sólido, las actuaciones y la historia son las que se llevan los aplausos.

Anne Dorval nuevamente vuelve a hacer de madre, en esta ocasión interpretando a una mujer que dentro de su actitud extrovertida y sensual esconde una fragilidad conmovedora, Antoine Oliver Pilon es una intimidante fuerza que lleva al límite cada uno de sus estados emocionales, mientras que Suzane Clement entrega a un personaje intrigante con una dificultad extraña para poder expresarse.

De esta manera los tres protagonistas se complementan de forma justificada que se transmite en escenas que desbordan la química que se da entre los conceptos que representa cada uno.

Más que tocar el tema de la maternidad, Dolan consiguió explorar el concepto de familia de una forma única y sutil entregando personajes que seguramente sobrevivirán al paso del tiempo.

Al conocer la filmografía de Dolan es fácil comprender por qué tienen tanto éxito entre la generación que creció con él. Su  gusto a la hora de elegir las bandas que conforman sus soundtracks (The Knife, Grimes, Crystal Castles), la atractiva estética de los filmes, pero sobre todo su insistencia en crear escenas que parecieran pertenecientes a un vídeo musical, son elementos que las vuelven casi irresistibles sobre todo a la generación millenial que alcanzó a crecer cuando el videoclip era en realidad relevante.

El cine de Xavier Dolan está lejos de ser perfecto y por nada en el mundo pienso que sea un artista vanguardista, mucho menos un enfant terrible. Sin embargo, considero que su cine expresa la visión de una persona apasionada por los distintos aspectos que conforman el arte cinematográfico y la forma incansable en que trabaja lo convierten en una fuerza que debe ser reconocida.

Texto por @SantiagoMejia__

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