Crítica: Looking

En un mundo en el que nos aseguran que el amor está ganando pero la comunidad gay sigue siendo víctima de brutales crímenes de odio, es justo que nos preguntemos ¿Qué estamos buscando?

La serie Looking creada por Michael Lannan con la colaboración del emergente talento de Andrew Haigh, a lo largo de dos temporadas y una película exploró esta pregunta de una forma realista y madura, muy diferente a Queer as Folk, aquel show de la década de los 2000 que, sin dejar de lado sus grandes méritos, se hizo famoso gracias a su constante necesidad de romper tabúes.

Looking, más que buscar temas que pudiera explotar de una forma atrevida y trasgresora, optó por hacer lo contrario. Tratando sus historias de una forma natural y hasta cierto punto realista, nos invitó a conocer la vida de Patrick, Dom, Agustín y Doris, habitantes de San Francisco que se encuentran en un momento de su vida en el que empiezan a cuestionarse cómo salir de su zona de confort.

La serie por medio de una fotografía sencilla y bella consiguió ofrecer una mirada intima al universo de San Francisco y en particular al de la comunidad gay mostrando, a través de los distintos escenarios que ofrece esta mítica ciudad, la complejidad de las relaciones humanas.

Desgraciadamente Looking no alcanzó el nivel de rating esperado y después de la segunda temporada fue cancelada con la promesa de una película para cerrar con los cabos que se dejaron sueltos en el último episodio.

Si bien la película hace un buen trabajo dando a Patrick un cierre necesario, con el resto de los personajes se siente un poco atropellado, como si hubiera existido una tercera temporada que nadie vio y dio origen a los eventos que se presentaron en la película.

Parte de esto se debe al poco tiempo que recibieron los personajes secundarios por la corta duración de los episodios, que si bien es un formato acorde a las exigencias de las audiencias actuales, para mi gusto evitó que conociéramos a fondo el resto de las historias o se introdujeran arcos narrativos que permitieran un acercamiento más profundo a la psicología de estos personajes.

Gracias a esto, personajes como Eddie, Dom y Doris se vuelven prácticamente irrelevantes en la película, pues los tres han conseguido lo que quieren y no tienen mayores conflictos por resolver. Existen algunos momentos tensos sobre todo con Dom y su repentino coqueteo con Patrick que resulta en una extraña broma o Agustín y sus dudas por convertirse en la clase de gay que tanto repudiaba, sin embargo estos no tienen mayores consecuencias y son resueltos rápidamente.

Para que estas conclusiones tuvieran una trascendencia mayor era necesaria esa temporada que nadie vio, en la que hubiéramos podido ser testigos de ver cómo crece la relación entre Eddie y Agustín, como Dom alcanzó el éxito de su restaurant y como Doris eligió convertirse en madre a su edad.

Sin embargo estas luchas son completamente dejadas de lado para dar preferencia a la búsqueda de Patrick, lo que a su vez tiene sentido pues viéndolo de manera objetiva fue el único personaje que al final de la segunda temporada quedó completamente perdido y confundido.

De esta manera la serie más que una conclusión se siente como un epilogo que deja a la imaginación del espectador una gran cantidad de historias que era necesario contar. Un error muy parecido a la también ya terminada Boardwalk Empire, que para evitar dejar cabos sueltos decidió hacer un salto en el tiempo olvidándose de personajes que eran cruciales para una conclusión épica.

No obstante es justo reconocer que el objetivo de Looking nunca fue ser un proyecto de proporciones “épicas” y a pesar de esta conclusión apresurada, no deja de tener sus méritos. El reparto y por ende las tramas, triunfaron en ser mucho más diversas que las de su predecesor Queer as Folk.

Mientras que en QAF la mayoría de los personajes se caracterizaron por ser hombres blancos en extremo atractivos, Looking se comportó un poco más realista al introducir latinos, personas de color y hombres con complexiones físicas que no necesariamente parecen sacadas de anuncios de Calvin Klein.

El mismo realismo y naturalidad con que se trató al reparto, se reflejó en la forma de retratar el contexto que los envuelve. Lejos de exagerar la vida nocturna y algunos de los aspectos que son parte de la comunidad gay como los desfiles y las fiestas, la serie buscó representar estos aspectos de una forma más honesta e introspectiva.

Además, las secuencias donde Patrick y sus amigos bailan, se enamoran, se desenamoran y en general celebran el estar juntos, cobran una relevancia crucial en un momento de la historia donde aunque vivimos aparentemente una época de aceptación, los actos de intolerancia siguen manchando de sangre las pistas de baile de los únicos lugares donde se supone podemos amar con libertad.

Es un poco aterrador pensar que hace poco más de una década una serie tan explícita y atrevida como Queer As Folk consiguió mantener episodios de una hora al aire durante cinco años y hoy en día a duras penas Looking sobrevivió al aire dos temporadas.

Hoy más que nunca es necesaria la representación LGBT en la televisión y el cine. El mundo necesita de proyectos que como Looking, exploren la diversidad humana en todos sus sentidos posibles.

Texto por @SantiagoMejia__

Throw a pie

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