Opinión/Peliculas

Crítica Moonlight: Una luz poco esclarecedora

En tiempos donde el racismo y la homofobia tienen un resurgimiento aterrador, las películas representativas de las minorías son necesarias para ofrecer un contrapeso a toda la violencia e ignorancia.

Moonlight, desde su irrupción en el circuito de festivales, causó mucho furor por representar la vida de un hombre afroamericano gay que crece en los barrios bajos de Estados Unidos.

La construcción del personaje de Chiron y la sensibilidad melancólica que se le dio a los escenarios donde se desenvuelve, inmediatamente hicieron de Moonlight una de las favoritas para el Óscar.

Sin embargo, creo que la película se queda corta en varios aspectos. Aunque vemos la vida de Chiron desarrollarse en tres etapas de su vida, ninguna de estas profundiza lo suficiente en el personaje y sus necesidades, reduciéndolo a una víctima que ruega por compasión y negándole presentarse como un ser humano complejo que demanda respeto.

Creación del ego machista

Algo que es digno de aplaudirle a Barry Jenkins, director de la película, es su preocupación por exponer la creación del ego machista en un ambiente de pocas oportunidades económicas.

El tímido Chiron sobrevive a situaciones de acoso mientras aprende a reprimir emociones y deseos sexuales para evitar ser discriminado y poder sobrevivir a un ambiente hostil.

A pesar de la violencia constante que rodea a Chiron (ya sea por su madre adicta o por sus vecinos violentos) es interesante ver como Jenkins se preocupa por dotar de sensibilidad a otros aspectos y personajes que complementan el escenario donde crece.

En una escena, el imponente personaje de Mahershala Ali  dice al pequeño Chiron “Puedes ser gay pero nadie puede llamarte marica”.

La escena se convierte en una declaración importante que destruye la imagen del típico gánster macho y le dota de una compasión que no es normal ver en personajes como él. Tan sólo hace falta voltear a ver el popular show Empire y la escena donde Lucious mete a su hijo Jamal en un bote de basura porque lo vio caminar en tacones, para conocer el imaginario común.

De esta manera, Jenkins escenifica la tragedia del ego machista, exponiendo cómo es que se desarrolla este tipo de personaje pero a la vez destruyendo el estereotipo.

El lenguaje del silencio

La inseguridad que rodea a la expresión del deseo cuando este va en contra de las normas sociales puede llegar a ser una situación muy frustrante. El contexto heterosexual o el homosexual abierto viven de forma muy distinta esta realidad a la de personajes como el de Chiron.

Carol fue una película que exploró a la perfección este tema ya que, resucitando el ambiente de intolerancia que se vivía en los años 50, Todd Haynes orilló a sus personajes a comunicarse a través de miradas, roces e indirectas muy sutiles.

Chiron vive en un mundo que a pesar de ser actual no es menos peligroso. Por esta razón la forma tan cautelosa en la que se acerca a su amado tanto la primera vez como la segunda, muchos años después ya como un adulto, cobra una fuerza dramática que dota a los personajes masculinos de una fascinante vulnerabilidad.

Este juego de seducción crea una tensión que tambalea entre lo enternecedor y lo peligroso. Aunque sin lugar a dudas conmueve ver a Chiron acercarse con nerviosismo a su viejo amigo, su imponente figura y actitud de repente agresiva nos advierte que en cualquier momento todo podría salir muy mal para ambos.

Desgraciadamente este juego a final de cuentas no lleva a ningún lugar, todo se cierra con un abrazo bastante ambiguo que no nos dice nada sobre el porvenir de la relación entre ambos personajes y ese es mi principal problema con la película.

El homosexual asexuado

Queer as folk fue una serie con muchos altibajos pero que sin duda siempre supo tocar temas sensibles para la comunidad gay.

Uno de los momentos más interesantes llegó cuando Brian Kinney le hizo ver a su amigo Emmett que su segmento como “the gay guy” en un programa de noticias solo tenía éxito porque sus espectadores lo veían como un ser asexuado inofensivo que les enseñaba a vestirse y de paso les ayudaba a pasar un rato agradable.

La presentación del homosexual como estereotipo inofensivo gracioso o martirizado ha sido una constante en la historia del séptimo arte y es un territorio bastante cómodo para las audiencias pues solamente les puede provocar reírse o en su caso sentirse bien consigo mismos por mostrar compasión frente a las atrocidades que vive el protagonista.

A pesar de que en Moonlight el deseo sexual es parte importante de la trama (dos veces tiene Chiron sueños húmedos con su amigo y este en una ocasión le da literalmente el “hand job de su vida”) este nunca es expresado de forma explícita.

Como herramienta narrativa, el sexo en el cine puede ser fundamental para conocer la profundidad de las relaciones humanas.

Si no fuera por ese primer encuentro sexual extremadamente pasional que tienen por ejemplo Brian Kinney y Justin en el primer episodio de la serie Queer as Folk los episodios posteriores habrían carecido de sentido.

Cuando a Pedro Almodóvar le preguntaron que habría hecho diferente en caso de haber dirigido Brokeback Mountain (como originalmente estaba planeado) dijo que habría incluido “más sexo, no sería gratuito. El relato de Annie Proulx se centra en una relación física, una relación animal, así que el sexo es necesario porque es el cuerpo de la historia“.

Incluso en  Happy Together, la obra maestra de Wong Kar Wai que Barry Jenkins no se cansa de citar como influencia,  aunque el sexo no abunda en la historia esta sí inicia con un encuentro sexual que nos explica qué tan unidos se encontraban los protagonistas y marca la tendencia melancólica que seguirá el resto de la historia.

Claro que el sexo puede caer en la explotación barata, pero cuando es utilizado con la visión adecuada puede ser estilizado de forma poética para mostrarnos los más profundos anhelos y emociones de los personajes a través del contacto físico.

Por eso es tan frustrante que el reencuentro de Chiron termine en un ambiguo abrazo. Se nos arrebata la última oportunidad de conocer a fondo  los sentimientos, dudas y necesidades que el personaje guardó durante tantos años.

¿La poesía visual?

Mi última observación a la película tiene que ver con su fotografía y su edición musical. Si bien esta goza de un aspecto audiovisual atractivo creo que carece de la emoción necesaria para hacer de su imagen algo tan trascendente como la historia que quiere contar.

La película busca recrear muchos de los trucos que hacen del montaje de Happy Together un trabajo de gran fuerza poética, sin embargo en Moonlight estos momentos en su mayoría carecen de emoción o un sentido narrativo practico.

Existen varias escenas que no llevan a ningún lugar a pesar de mantener una fotografía destacada. Un ejemplo es cuando vemos a Chiron en su versión infantil dando vueltas en un salón de baile, jamás conocemos si el personaje tenía intereses artísticos.

La desesperada búsqueda de la recreación de una atmósfera melancólica al estilo Wong Kar Wai, Terrence Malick o incluso se podría decir Xavier Dolan,  se hace más evidente cuando en cierto momento de la historia comienza a sonar Cucurrucucu Paloma de Caetano Veloso, melodía que ha sido utilizada por…Wong Kar Wai en la tan mencionada Happy Together y Pedro Almodóvar en Hable con Ella, una de sus películas dramáticas más intensas.

El único aspecto que me pareció rescatable de su fotografía fue la paleta de colores que intensifica la presencia del azul, haciendo referencia a la importancia de la identidad afroamericana que es expresada al inicio de la película con la frase “All the black boys look blue in the moonlight”.

Conclusión

Hay que reconocer lo que intenta hacer Moonlight, pues hoy más que nunca es importante señalar la forma en que dentro de las comunidades afroamericanas (incluso se podría decir también las latinas) la homosexualidad sigue siendo castigada por el ego machista y es algo sobre lo que se debe trabajar.

Sin embargo, aunque la película logra poner esos temas bajo la mesa, se niega a explorarlos a fondo en un evidente intento por hacer llegar la película a un público más amplio.

Tal vez si el director se hubiera preocupado por hacer de su personaje algo más que la bandera de la victimización, la película hubiera resonado aún más fuerte. No le quito el mérito alcanzado, pero no sé si con el paso del tiempo la película alcanzará el culto de otros filmes que han sido parte de la revolución homosexual.

Texto por @SantiagoMejia__

Throw a pie

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s