Crítica: 13 Reasons Why

por Santiago Mejía

Hace unos días tuve la oportunidad de estar presente en un evento escolar para adolescentes que buscaba hacer conciencia sobre los peligros de las drogas, el abuso escolar, la depresión y el suicidio. Me hizo recordar las muchas veces que en mi secundaria y preparatoria recibí esos discursos que parece hasta la fecha no han cambiado en absoluto. Lo único que me ha quedado claro con esta clase de campañas es la incapacidad de los adultos (mayores de 30 años) para poder conectarse con el público joven. Distintas campañas de prevención han intentado llegar a los jóvenes sin éxito, trivializando esta clase de problemas y convirtiéndolos en estereotipos que difícilmente son tomados en serio por alumnos de secundaria y preparatoria.

Muchas pueden ser las razones que provocan el fracaso de esta clase de proyectos, pero principalmente y como 13 Reasons Why lo deja muy claro, la negación de los adultos por tomar en serio a los jóvenes y la inocente ceguera de los padres de familia al juzgar a sus hijos, parecen ser las principales razones que impiden se pueda tratar estos temas con madurez. En el mundo de 13 Reasons Why los adultos (maestros y padres) no son esa autoridad moral intachable a la que siempre puedes acudir en busca de ayuda y el mundo de los jóvenes es retratado como un entorno feroz donde cada día es una lucha constante por sobrevivir más que para “sobresalir”.

Hannah Baker, la protagonista de la historia, es una chica linda, amigable que poco a poco ve sus ganas de vivir destrozadas por una serie de acontecimientos que van de lo menor a lo mayor. Estos sucesos serán relatados en 13 cassettes que tras suicidarse, Hannah hereda a quienes considera responsables de su decisión.

La dinámica es un juego macabro instigador de culpa que podría haber servido para la base de shows más oscuros como The Killing, sin embargo en la serie es tratada con la sensibilidad del drama adolescente que hizo de shows como Degrassi grandes éxitos, consiguiendo hacer de la historia algo más digerible. Esto no le resta impacto a los momentos más crudos de la serie que lentamente nos lleva hacia lugares predecibles, pero no por eso menos impactantes. Gráficamente se presentan escenas de violaciones, accidentes automovilísticos y el eventual suicidio de Hannah, los cuales tienen un trasfondo emocional que los llena de fuerza dramática. Asimismo el acoso escolar se presenta como un fenómeno que va más allá de las minorías. Principalmente se le da importancia a la construcción de la llamada “mirada masculina” y las atroces consecuencias que ésta puede traer a pesar de parecer inofensiva.

Por otro lado, la diversidad racial en las escuelas no es una plataforma para explotar vulnerabilidad y el estigma de la homosexualidad o de salir del closet es tratado de una forma muy distinta a la que se había presentado en otras series del mismo estilo. La forma de tratar a los grupos minoritarios es sobre todo evidente con la construcción de los personajes homosexuales, el miedo sufrir a represalias por aceptar su orientación sexual se debe a situaciones más complejas que las que se habían explorado con anterioridad en otros shows adolescentes. Tal es el caso de Courtney Crimsen, una chica lesbiana adoptada por una pareja gay que, en pocas palabras, no acepta su orientación sexual porque teme que ataquen a su familia con el típico “como los papás son homosexuales la hija tenía que salir gay también”.

El resto de los personajes son desarrollados con la misma complejidad, ya que a pesar de ser estudiantes ejemplares, en su mayoría esconden inseguridades pero al mismo tiempo son capaces de cometer actos horribles que los padres se niegan a aceptar. En algún momento de la serie los padres de todos los jóvenes repiten la misma frase: “No puedes estar involucrado en esto porque tú eres un buen chico”, todos, al ser atormentados por las palabras de Hannah, muestran un rostro incómodo porque saben que son capaces de eso y más.

Desgraciadamente, a pesar de su excelente construcción narrativa (no lo nieguen todos los que la empiezan la han terminado) en un determinado momento la serie sufre de una sobre carga de dramatismo e intensidad. Incluso el personaje de Clay, el único justiciero de la historia, se atreve a decirlo cuando llega casi al final de las cintas “Muerte, violaciones, ¿qué más puede seguir?”.

Para esos momentos la serie se vuelve un exhausto ejercicio de destrucción emocional. A pesar de los intentos por mantener en secreto las cintas de Hannah, los implicados se embarcan en un viaje de autodestrucción patrocinado por el sentimiento de culpa y en el caso de Clay, la incapacidad de no poder hacer nada para cambiar el curso de la historia. Lo peor es que al final la serie no presenta un (muy necesario) final de alivio o de redención, al contrario pareciera que la mayoría de los personajes se embarcan en un viaje aún más oscuro. Los últimos minutos nos dejan con la promesa de una posible masacre en la escuela, otro intento de suicidio y un chico suelto por las calles con una pistola en su mochila y una botella de alcohol en su mano.

No es justo minimizar los sentimientos de Hannah y su necesidad de justicia, pero al mismo tiempo la excesiva tragedia unida a la incapacidad de Hannah por actuar o buscar una conexión con algunos de los personajes que le tendieron la mano honestamente (como Clay y Tony) provocan que la serie esté más cerca de ser un video educativo cristiano de Paco del Toro que de un proyecto sensible y complejo.

Series como Orange is the New Black han sabido llevar a sus personajes a territorios oscuros y destructivos sin caer en la exageración ni minimizar los problemas que se tratan (racismo, homofobia, misoginia etc). Incluso me sorprendió encontrar el nombre de Gregg Araki entre los directores de la serie, pues el toque radical que tanto lo caracterizó en los años noventa está completamente ausente y podría haber ayudado a ofrecer una visión menos plana de la historia.

Finalmente, aunque 13 Reasons Why aparenta ser una serie que busca concientizar a los jóvenes sobre su comportamiento, creo que su contenido podría servir más a los adultos, para reventar la burbuja en la que viven los padres de familia en específico y ayudarles a comprender que no por tener “más responsabilidades” su mundo es menos atroz que el de sus hijos. Tal vez sólo de esta manera se puedan comenzar a atacar problemas como las adicciones, la depresión y el suicidio de manera sincera y honesta.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. valenthyna dice:

    Amé la crítica ❤

    1. Cereal Killers dice:

      Nosotros te amamos a ti ❤

Throw a pie

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