Twin Peaks: La goma de mascar regresa con estilo

por Santiago Mejia

Después de tener que conformarnos con versiones menores del estilo David Lynch, por fin en el 2017 podemos gozar de la visión íntegra y original de este maestro de lo surreal. El acontecimiento es digno de celebrarse pues además de que la serie regresa después de más de dos décadas de haber sido cancelada, David Lynch también vuelve al ruedo tras haber mantenido un perfil bajo durante diez años.

Series como The X Files, Stranger Things y True Detective han intentado replicar los elementos más fascinantes de Twin Peaks, logrando algunos aciertos pero careciendo de la inigualable creatividad de David Lynch.

Si bien es cierto que en su momento Twin Peaks rompió barreras y abrió puertas para la nueva “era dorada de la televisión”, ésta fue tan adelantada a su tiempo que tras dos breves temporadas terminó por ser cancelada.

Es justo reconocer que a pesar de que desde los créditos iniciales queda claro que David Lynch es el cerebro detrás de  la serie, varios capítulos  tambalean un poco pues, como suele suceder con los grandes visionarios, Lynch perdió algunas batallas creativas con la cadena ABC al grado de que eventualmente prefirió dejar que la serie tomara su curso y regresar para cerrar la segunda temporada con uno de los cliffhangers más inquietantes en la historia de la televisión.

Para la tercera temporada Lynch se aseguró de que no se repitieran los errores del pasado. No debió ser nada fácil negociar con Showtime, pero a final de cuentas consiguió el presupuesto que demandaba y la libertad creativa total.

Como resultado recibiremos 18 episodios nuevos, en su totalidad dirigidos por David Lynch y co-escritos con Mark Frost. El inicio de esta nueva aventura, dos episodios que en México fueron estrenados a través de Netflix, mas que ser un regreso al pueblo de Twin Peaks  significa una nueva muestra de la habilidad de David Lynch para manipular el lenguaje audiovisual.

Las dos primeras horas hacen una perfecta combinación entre el pasado y el presente, mostrándonos escenarios que ya conocíamos como el Bang Bang Bar, donde vemos a unos James y Shelly ya avanzados de edad escuchar a Chromatics y a su vez introduciéndonos a historias alternas que suceden en Nueva York y Las Vegas.

De esta manera Lynch le da a los seguidores de la serie su debida dosis de nostalgia pero a la vez expande el universo que había propuesto en 1990, haciendo gala de esos “momentos Lynch” que hoy en día son un sello tan característico como el de Fellini o Luis Buñuel.

Sin entrar en más detalles para no arruinarle la sorpresa a los seguidores de la serie, solamente diré que al menos hasta el momento la serie está mucho más conectada con los momentos perturbadores de la serie y la película (Fire Walk With Me) que con el lado amigable y pacífico de Twin Peaks.

Puede que los fans de la serie se sientan un poco decepcionados al no ver a todo el elenco de regreso inmediatamente, pero lo cierto es que todos estamos contentos de que por fin Lynch vuelva a ocupar el lugar que le corresponde, mostrándose tan subversivo e inquietante como en sus primeros cortometrajes. La goma de mascar jamás perderá el estilo.

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