Crítica: Call Me By Your Name

por Santiago Mejía

“Gracias a la impudicia o la tradición del no-tener-nada-que-perder; los homosexuales instituyen zonas de estridencia y provocación que, en rigor, son los espacios de resistencia”, ese pequeño extracto del texto  “El Mundo Soslayado” de Carlos Monsiváis explica lo que por muchos años fue la inspiración del llamado “cine gay”. Desde la poética exploración del deseo prohibido que hizo Jean Genet con su Canto de Amor hasta las combativas películas de cineastas como John Waters y Derek Jarman, el cine queer ha demostrado tener la firme convicción de romper tabúes y sacudir a la sociedad de sus prejuicios.

Hoy en día, en un intento por acoplarse al discurso progresista  del love wins y en su evidente necesidad de explotarlo económicamente, la industria del cine ha despojado al cine gay de su poder transgresor.  La única forma en que los grandes estudios se sienten cómodos a la hora de realizar historias sobre la comunidad gay es como relatos patéticos de victimización.

En medio de esta ola de películas y series insípidas surgió Call Me By Your Name, una película que ha sido aclamada por su apasionante exploración del naciente deseo sexual, como criticada por tratar con personajes privilegiados en todo el sentido de la palabra (no me extraña que Bruce LaBruce sea uno de sus principales detractores).

En Call Me By Your Name, Elio (Timotheé Chalamet) un adolescente que comienza a experimentar los placeres y dolores del fin de la adolescencia conoce a Oliver (Armie Hammer) un adonis de carne y hueso que despierta en él la emoción del primer amor. El romance tiene un cierto tono subversivo por su marcada diferencia de edad pero también es cierto que este es posible porque nace en un sitio extremadamente privilegiado, casi utópico.

La película es dirigida por el italiano Luca Guadagnino quien después de mostrar su sensibilidad gay con filmes como I Am Love y A Bigger Splash, se lanzó de lleno a la exploración de la homosexualidad con Call Me By Your Name.  La historia es una adaptación de la novela homónima de André Aciman con un guión de James Ivory.

A pesar de que Guadagnino es un digno heredero de cineastas como Luchino Visconti y Bernardo Bertolucci, sus intereses ideológicos no llegan tan lejos como los de sus grandes antepasados italianos. Mientras que Visconti analizó a la clase social privilegiada desde un punto de vista crítico y Bertolucci vio en la sexualidad un arma revolucionaria, Gudagnino se limita a mostrarnos los beneficios de nacer en una familia sin problemas económicos. La película no busca lidiar con la posición económica de sus protagonistas ni con las implicaciones morales de que los distancie casi una década de edad.

Y aun cuando estas carencias hacen de Call Me By Your Name una película menor que las de Visconti y Bertolucci, esta se siente refrescante y atrevida si la comparamos con la laureada ganadora del Óscar, Moonlight.  A diferencia de Moonlight, donde el deseo sigue siendo castigado con el miedo y la vergüenza, Call Me By Your Name lo libera de todas sus ataduras morales. La naciente sexualidad de Elio es explorada con naturalidad y belleza, su búsqueda de identidad es retratada, gracias al excelente trabajo  del fotógrafo Sayombhu Mukdeeprom, con un profundo erotismo a punto de estallar en cada plano.

Como el mismo Almodóvar lo dijo, todo se ve deseable, la fruta, los hombres, las mujeres, los paisajes, etc. No es de extrañarse que hasta en sus momentos más sutiles, como cuando Elio coloca su pie encima del de Oliver, o sus juegos de miradas cómplices mientras comparten el desayuno, el filme exprese una pasión que ni la secuencia más explícita de Moonlight pudo lograr.

La exploración del erotismo llega a su punto máximo con la ahora infame escena donde Elio se masturba con un durazno. El momento es de una emotividad poderosa pues contrasta la incertidumbre adolescente de Elio por haber dado rienda suelta a sus deseos con un amante del que sabe eventualmente se tendrá que separar, con la complicidad adulta de Oliver. Cuando Elio intenta evitar que Oliver muerda el recién ultrajado durazno gritando “¡soy un monstruo!”, pareciera que a pesar de su liberal educación, la culpa sexual logró ejercer algún efecto en él. No obstante, cuando se lanza a los brazos de su amante y llorando le dice “no quiero que te vayas” podemos darnos cuenta de cuál es la verdadera razón de su frustración.

La forma en que Mukdeeprom aprovecha el calor de un verano en Italia no se limita a sensualidad. La atmósfera, además de construir una seducción constante, acentúa la relación cálida entre todos los personajes.

Así como la fotografía hace evidente desde un inicio la atracción entre Elio y Oliver, también enfatiza la empatía que las personas que los rodean muestran hacia su romance. Las mujeres con las que coquetean Elio y Oliver poco a poco se dan cuenta de que entre ellos está surgiendo una relación mucho más profunda que la que tienen con ellas, y esto no parece incomodarlas en lo más mínimo.

Incluso en una escena que no ha recibido mucha atención pero que me parece importante, Marzia, la chica con la que Elio tuvo sexo y a la que abandonó repentinamente para pasar unos días más junto a Oliver, en lugar de molestarse, ofrece su amistad a Elio con un abrazo que refleja la hermandad histórica que ha existido entre la comunidad gay y el sexo femenino.

Y como olvidar el discurso del padre de Elio, interpretado con fuerza y sabiduría por el actor Michael Stuhlbarg, casi al final de la película. Este momento que fácil podría haber convertido al filme en otra de esas lecciones moralistas que tanto ama Hollywood, es una declaración humanista que más que mostrar preocupación por las implicaciones sociales que tendrá en el futuro de su hijo el hecho de que sea homosexual, es en realidad una confesión que explica la tragedia y la belleza de vivir el primer amor.

Ambas escenas y  en general gran parte de la película, se construyen a partir de diálogos simples pero muy efectivos. Intercambios tan sencillos como “Why do you tell me these things?, Because I want you to know.” adquieren una resonancia emocional poderosa por la forma en que son interpretados y el atinado momento en el que son expresados.

La agudeza de los diálogos, el intenso erotismo evocado en cuadros simples y el contexto en el que se desarrolla la película son muestra del cuidadoso trabajo que realizó James Ivory adaptando el guión. Es importante que la película se desarrolle en 1983 y no antes ni después, pues Elio y Oliver viven su amor de verano un año antes de que el SIDA se convirtiera en una epidemia. ¿Cómo podrían los personajes haber explorado el sexo y el amor de una forma tan libre en medio de una aterradora paranoia?

Al ubicar la película en esta época James Ivory y Guadagnino la rescatan de la frivolidad y hacen un breve comentario social mostrándonos la influencia que tuvo la aparición de esta terrible enfermedad en la discusión sobre temas de diversidad sexual pero sobre todo en la forma en que los seres humanos nos relacionamos, particularmente la comunidad gay.  Esta insistencia en la creación de un escenario tan idílico ha provocado que Call Me By Your Name sea considerada una fantasía empalagosa. O como vulgarmente dijo un usuario de Twitter, “la fantasía de un hombre treintón que se agarra a un joven en vacaciones de verano”.

La película indaga en las emociones del despertar sexual, de la transformación en adulto . El filme está contado desde la perspectiva de Elio, por eso el actor Timothée Chalamet es toda una revelación, su forma de interpretar el autodescubrimiento adolescente es cruda y honesta, cargada de todos los matices emocionales que un chico de su edad puede experimentar. Por su parte el personaje de Oliver, interpretado con una entrega total por parte de Armie Hammer, actúa siempre con cautela y cariño, jamás muestra intenciones de dominación enfermizas o de abuso de poder. Su actuación a momentos incluso recuerda a la de Cate Blanchett en Carol, pues también establece un juego de seducción a través de gestos sutiles.

A pesar de la controversial diferencia de edad entre los protagonistas, definitivamente el filme no tiene el poder agitador del cine de Waters y LaBruce o el interés de retratar en todo su esplendor la diversidad sexual y étnica como el cine de Julián Hernández. Sin embargo la forma en que celebra el descubrimiento homosexual y el primer amor le dan algo de revolucionaria, al menos en lo que respecta al cine para las masas.

Si bien la belleza de los protagonistas y la posibilidad de vivir un romance de verano en Italia son seductoras, creo que la verdadera razón por la que el público gay se siente conmovido e identificado con esta fantasía es por la empatía que propone. Que mejor manera de vivir un primer amor, con todos sus enredos, que sin tener la necesidad de salir del clóset o de lidiar con la paranoia sexual tan promovida por instituciones sociales y religiosas.

En un país como México donde perdura la desigualdad social y a pesar de que hay avances en materia de respeto hacia la comunidad gay persisten los crímenes de odio y la homofobia, más que empalagosa, Call Me By Your Name se siente trágicamente inalcanzable.

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