Crítica: The Disaster Artist

Desde su estreno en el 2003, la película The Room, escrita, dirigida y protagonizada por Tommy Wiseau ganó el estatus de “película de culto” gracias a su pésima calidad pero involuntaria comedia. Los pormenores del rodaje fueron detallados por Greg Sestero, actor y fiel amigo de Wiseau en el libro The Disaster Artist que ahora es llevado a la pantalla grande por James Franco.

No sería extraño que al leer el título, Franco se sintiera identificado profundamente. Si bien este refleja el caos que debió ser el rodaje de The Room, revisando la carrera de James Franco podría también resumir su ambición por ser un director reconocido seriamente.

Como actor, Franco ha demostrado ser dedicado y talentoso; sin embargo, como director ha manifestado pocas habilidades para ejecutar películas con valores rescatables.

En su esfuerzo por ser un realizador aclamado ha acumulado casi cuarenta proyectos (¡¡!!) que incluyen experimentos extraños como su documental Interior Leather Bar, adaptaciones de William Faulkner y una biografía de Hart Crane, por mencionar algunos. La diversidad de estos trabajos, más que mostrar una sensibilidad artística definida o una evolución constante, evidencia un desesperado intento por ser reconocido como “artista”.

The Disaster Artist no es la excepción. Como director, James Franco sigue sin mostrar cualidades que lo hagan destacar, pero al menos por primera vez muestra una sensibilidad personal que se impone a sus pretensiones artísticas.

Además de sus múltiples transformaciones frente y detrás de cámara, la trayectoria de James Franco cuenta con extraños episodios como aquella desastrosa vez que fue host de los Óscar al lado de Anne Hathaway. La forma en que Franco ha explotado estos momentos incluso usándolos como inspiración para burlarse de sí mismo (como hiciera con la comedia This is The End) es básicamente la misma estrategia que siguió Wiseau para lograr triunfar en el negocio del cine.

Es esta provocadora relación entre James y Tommy la que le brinda un toque especial a la película. Aunque, por desgracia, el resto de los aspectos del filme resultan descuidados.

Narrativamente no ofrece nada atractivo. La fotografía simple de Brandon Prost (The Interview, This is The End) aunada al débil guion de Michael H. Weber y Scott Neustadter resulta en una serie de secuencias olvidables, carentes de emoción.

Siendo el material original tan hilarante, la película podría bien haber tomado un camino más excéntrico con cortes, actuaciones y una fotografía que subrayara lo absurdo de la situación, algo estilo The Gay and Wondrous Life of Caleb Gallo que aprovecha hasta el más mínimo detalle para explotar la comedia.

Sin embargo, la falta de creatividad es evidente y la película resulta aburrida y predecible. Los únicos elementos que destacan son Tommy Wiseau y Greg Sestero, este último interpretado por Dave Franco, hermano del actor y director.

Los personajes resaltan porque los hermanos Franco tienen talento como actores y el lazo familiar entre James y Dave le brinda una fuerza especial a la hermandad que surge desde el inicio. La intensa relación entre Tom y Greg exhibe un cierto tinte homoerótico fiel al coqueteo con la comunidad gay que Franco ha explotado en su carrera.

No obstante, siendo Tommy un personaje tan extraño, es difícil reconocer si está enamorado de Greg o solamente es un amigo muy posesivo. De cualquier manera se establece una dinámica interesante entre ambos: Tommy funciona como el motor emocional (y económico) que necesitaba Greg, mientras que éste se convierte en una especie de guía cultural para Tommy, enseñándole sobre la vida de James Dean y demás figuras legendarias en la historia del cine.

Al ser esta relación tan especial, la interacción con el resto de los personajes, a pesar de ser interpretados por una serie de actores talentosos, prácticamente pasa desapercibida.

Sharon Stone, Melanie Griffith, Zack Efron, Josh Hutcherson, Seth Rogen y un largo etcétera, pasan por la película sin pena ni gloria. Su presencia es únicamente curiosa por descubrir a qué personaje de la vida real interpretan, lo cual es una verdadera lástima.

De haber tenido un mejor arco narrativo, cada uno de estos personajes podría haber ampliado los temas que se tocan levemente en la película. Por desgracia, sus aportaciones son tan menores que escenas como en la que el personaje de Jackie Weaver explica por qué se somete a las torturas del rodaje de The Room pasan desapercibidas cuando al menos, en ese caso, podría haber sido un homenaje a la profesión de la actuación.

Mucho se ha comparado a The Disaster Artist con Ed Wood, la biopic que dirigió Tim Burton sobre otro de los considerados “peores directores de la historia”. Pero ambas no podrían ser más diferentes.

En la biografía de Ed Wood, Tim Burton encontró la oportunidad perfecta para hacer una carta de amor al cine de explotación de finales de los años 50 que tanto influyó en su sensibilidad artística.

Burton celebra sin cinismo ni ironía el amor de Ed Wood por el cine, los outsiders y su determinación por hacer una buena película con un filme además tan bien realizado en todos sus aspectos que inevitablemente establece un contraste entre el talento de Burton y el de Wood.

La falta de interés de James Franco por dirigir una película que brille en más aspectos además de su actuación impide que se establezca un contraste como el de Tim Burton con Ed Wood.

Además, si bien Wood y Wiseau comparten tener pobres habilidades como directores, lo cierto es que al menos las excentricidades de Wood formaron parte de un curioso momento en la historia del cine norteamericano que inspiró a directores como Burton, Quentin Tarantino y Robert Rodriguez a desarrollar una estética propia inspirada en parte en ese cine de explotación.

Incluso las películas de Wood pasaron a la historia por ser los últimos trabajos de un ya muy decadente Bela Lugosi. The Room no aporta ninguna curiosidad cultural como las mencionadas anteriormente.

Y aun cuando la historia del rodaje de The Room no puede exprimirse tanto como la de vida de Ed Wood (sobre todo debido a los misteriosos origenes de Tommy) es evidente que James Franco pudo haber explorado de una forma más atrevida el curioso fenómeno de las películas de culto.

La sensibilidad personal y la pasión que Franco imprime a su interpretación de Tommy Wiseau no se refleja en sus intenciones como director. The Disaster Artist podrá ser el trabajo más introspectivo y personal que ha realizado James Franco como actor, pero su pobre guion y fotografía demuestran que Franco siente la misma indiferencia que Wiseau hacia la calidad cinematográfica.

 

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