Crítica: Love, Simon

por Santiago Mejía

No es un secreto que hoy en día la mejor materia prima explotable para el cine de Hollywood, además de las historias de superhéroes, se encuentra en las políticas identitarias. Con desarrollar un guion que tenga a un personaje homosexual o de una raza que no sea blanca al frente de la película, ya están asegurados los aplausos de la crítica y un éxito en taquilla que puede ir de lo moderado a salas llenas a nivel internacional.

Desgraciadamente esta nueva ola de películas es realizada por estudios hambrientos de un blockbuster que les llene los bolsillos de millones de dólares, no tanto por realizadores con la sensibilidad adecuada para tratar estos temas. Inevitablemente esto se ve reflejado en argumentos débiles que se niegan a analizar con profundidad y empatía los complejos temas que proponen. La única forma que estas productoras saben hacer un llamado a la inclusión y el respeto es a través de tramas que privilegian la victimización.

La recién estrenada Love, Simon dirigida por Greg Berlanti y basada en el libro Simon vs. The Homo Sapiens Agenda escrito por Becky Albertalli pintaba para ser el peor ejemplo de esta clase de películas, sin embargo al final resultó ser incluso superior a filmes como Moonlight y The Shape of Water.

Desde su estreno la película ha sido bien recibida, más por la “valentía” de 20th Century Fox al atreverse a estrenar a nivel internacional una película con un protagonista gay, que por su calidad cinematográfica. Si bien es importante el tema de la representación en el cine de masas, reducir la apreciación de la película a la decisión de una productora es quitarle méritos al equipo detrás de su creación.

El filme podrá no tener la pretenciosa fotografía de Moonlight o los impresionantes efectos visuales de The Shape of Water, pero permite a su protagonista gay algo que ni Barry Jenkins ni Guillermo del Toro permitieron a los suyos: ser humano.

Tanto Giles en The Shape of Water como Chiron en Moonlight son presentados como seres unidimensionales, tan incapaces de cometer algún error que por la forma en que son maltratados por la sociedad casi podrían ser considerados mártires. No es el caso de Simon quien a lo largo del filme muestra una serie de actitudes distintas y contradictorias, gracias a las cuales resulta en una representación mucho más sincera de un personaje homosexual que las mencionadas anteriormente.

La trama de la película se centra en Simon y la correspondencia electrónica secreta que mantiene con  Blue, un adolescente homosexual que al igual que él no encuentra el momento indicado o el valor para salir del closet. A lo largo de la película Simon se esforzará por intentar descubrir la identidad del chico y mantener su secreto escondido a toda costa, lo que le traerá horribles consecuencias.

El intercambio de correos resulta en una emotiva dinámica de autodescubrimiento en la que ambas partes profundizan sobre sus propias vidas, compartiendo sus tradiciones religiosas, gustos personales y ansiedades emocionales. Esta nueva apertura los invitará a reflexionar sobre sus relaciones personales con amigos y familias, revalorándolas y poniendo en perspectiva cómo afectaría en ellas el revelar su orientación sexual.

Al descartar la mayor parte de la película la posibilidad de conocerse físicamente, los adolescentes recurren a referencias de cultura pop para definirse. De esta manera se nos revela de forma divertida el tinte homo-erótico que las nuevas generaciones encuentran en personajes como Harry Potter y Jon Snow o bandas como Panic At The Disco! Atrás quedó ya James Franco y su incansable jugueteo con la comunidad gay.

La mayoría de los intereses de estos personajes tienen poco que ver con el estereotipo sobrexplotado del homosexual obsesionado con divas del pop y diseñadores de moda. Por un buen rato parece incluso que la película rechaza la influencia femenina que tanto ha moldeado a la cultura gay desde hace varias décadas.

No obstante, gracias a la inclusión del personaje de Ethan, la película se salva de caer en este error y no es solo por incluirlo sino porque es tratado con bastante respeto y dignidad. Adiferencia de la infinidad de comedias en donde personajes como él han sido utilizados como alivio cómico, en Love, Simon lo vemos defenderse de homofóbicos con clapbacks dignos de la Drag Queen más feroz e incluso en algún momento Simon le expresa su admiración por la valentía que tuvo al salir del closet a los 16 años. De esta manera la película abraza distintas identidades y demuestra que no hay una forma correcta de ser homosexual.

El filme se desarrolla con la fusión de drama y comedia que caracteriza al cine young adult, recurriendo a un humor mucho menos santurrón que el que caracteriza a este tipo de cine y dando emoción genuina a los momentos más dramáticos. Aunque en algunas escenas peca de caer en los lugares comunes (como cuando Simon molesto en su carro golpea el volante), en otros  momentos expresa de manera sencilla pero contundente la situación por la que están pasando los personajes. Un gran ejemplo es cuando Simon descubre que su colega “extorsionador” ha filtrado su correspondencia con Blue. El actor Nick Robinson hace un excelente trabajo interpretando el miedo de sentir que no hay vuelta atrás, que todo en la vida de su personaje está a punto de cambiar y no hay como detener la avalancha.

De aquí en adelante siguen una serie de escenas muy bien logradas. Las pláticas de Simon con su padre y madre son conmovedoras lecciones de empatía que se contrastan con la reacción de sus mejores amigos al descubrir que fueron objeto de un cruel juego de manipulación. Particularmente todo el conflicto que surge entre Simon y sus amigos es lo que hace de la película algo más que una simple comedia adolescente.

Love, Simon no le otorga un pase libre a su protagonista por el simple hecho de ser gay, al contrario, lo obliga a vivir las consecuencias de haber actuado de forma egoísta. De esta forma la película demuestra ser mucho más madura que las celebradas Moonlight y The Shape of Water, pues su manera de entender la experiencia de salir del closet es compleja, complaciente a momentos, pero con ciertos guiños a la dureza de la realidad.

Desgraciadamente estamos ante un producto comercial, por lo que en cuestión de lenguaje cinematográfico carece de momentos poéticos poderosos que abundan en películas europeas de temática parecida como Being 17 de André Techine. Escenas como el beso en la rueda de la fortuna, aunque son efectivas, se sienten como momentos desperdiciados para un trabajo de cámara más bello y momentos importantes como el “you get to exhale now” que expresa el personaje de Jennifer Garner a su hijo cortan muy rápido la emoción que provocan.

Además, en todo su idealismo progresista la película aún tiene una comprensión muy conservadora de la sexualidad. La inocencia de la adolescencia que lleva a hombres y mujeres a tener experiencias diversas que moldearán su identidad, es tratada de forma simplona. En la película un personaje masculino borra la posibilidad de la bisexualidad cuando explica a su novio, culpando a las confusiones de la borrachera,  las razones por las que tuvo un encuentro sexual con una mujer. Esta percepción cuadrada de la sexualidad va en contra del legado que grandes artistas homosexuales como Pedro Almodóvar y John Waters han forjado con sus películas, trayendo consigo una visión liberadora de la sexualidad.

Sin embargo, hay que recordar que esta película es, a final de cuentas, un producto comercial y estos difícilmente incluyen tramas subversivas o demasiado arriesgadas. Por fortuna este detalle no opaca los méritos de la película.

Con Love, Simon el director Greg Berlanti presenta una historia de amor gay  conmovedora que refresca el sobreexplotado cine young adult y libera de las ataduras trágicas del VIH, la muerte y el suicidio a sus protagonistas. Y aunque se permite ser complaciente en muchos sentidos, no deja de tratar a sus personajes una madurez que rara vez se ve en cine y televisión, sobre todo en la actualidad.

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