Luis Miguel: Entre la novela y la serie

Por Santiago Mejía

El pasado 1 de julio, Netflix estrenó el último capítulo de Luis Miguel: La Serie dejando a miles de espectadores furiosos con un cliffhanger bastante predecible pero no por eso menos efectivo. No es difícil imaginar a las familias mexicanas reunidas en sus salas gritando enojadas a la televisión mientras aparecían los créditos del episodio, un fenómeno que no ocurría desde Rebelde o la clásica Cuna de Lobos.

Pasada ya la locura es hora de preguntarnos ¿Qué tanto es Luis Miguel: La Serie, realmente una serie y no una telenovela más? En México, aún estamos lejos de ponernos al corriente con la llamada “era dorada de la televisión”. Mientras que en otros países las cadenas apuestan por contenidos de gran calidad sin importar el riesgo de tomar decisiones como darle carta libre a David Lynch, Televisa y Tv Azteca han mostrado una incapacidad (¿O tal vez desinterés?) por experimentar con nuevas formas de contar historias.

Por eso no es de extrañarse que en México las únicas apuestas cercanas a esta tendencia surjan gracias al apoyo de Netflix, una empresa interesada en conquistar todos los mercados del entretenimiento internacional. Primero la gran empresa de Streaming encontró éxito con el combo ganador de Club de Cuervos: Fútbol, Comedia y Luis Gerardo Méndez, obsesiones indiscutibles del público mexicano. Después, con Ingobernable intentó sacarle jugo a la complicada política de nuestro país así como a la figura controversial de Kate del Castillo. Pero sin lugar a dudas el gran triunfo de Netflix en México lo trajo la serie inspirada en la vida de Luis Miguel, cantante que ya sea por sus éxitos, sus fracasos o los misteriosos pormenores de su vida privada, ha fascinado desde su infancia a los medios y al público mexicano.

Si bien Luis Miguel: La Serie aún arrastra con tintes de telenovela, evidentes sobre todo en el último episodio que abusó de clichés de telenoveleros, en general intenta salirse de ese encasillamiento y, a continuación, les diré por qué.

TALENTO NACIONAL

La más o menos cuidada producción es resultado de un equipo de trabajo conformado por personalidades reconocidas del cine mexicano. Digo “más o menos” porque, aunque la paleta de colores bien definida que prepondera los tonos amarillos y naranjas, inspirados sin lugar a dudas en el apodo del “Sol de México” y el soundtrack compuesto por temas de sintetizadores que permiten la creación de distintas atmóferas emocionales hablan de una calidad superior a la del lenguaje televisivo, en la serie se presentan varios errores de continuidad atroces, mediocridad en el diseño de locaciones y sobre todo, un guion al que le cuesta mucho ser emocionante y profundo.

La dirección de todos los episodios corrió a cargo del realizador mexicano Humberto Hinojosa. El sello personal que ha caracterizado a Hinojosa en su filmografía (I Hate Love, Camino a Marte) es evidente en la serie de Luis Miguel y en gran parte es lo que le da una personalidad destacable al proyecto.

Aún así, no todo fue labor de Hinojosa. Solamente en tres de los 13 episodios, Hinojosa se valió de la ayuda de la realizadora mexicana Natalia Beristáin para co-dirigir. Estos capítulos, particularmente el episodio tres “Yo que no vivo sin ti”, son donde más lucen las fortalezas de la serie.

En la parte del guión se encuentran también caras conocidas, principalmente el dúo conformado por Fernando Sariñana y su esposa Carolina Rivera, responsables de taquilleras películas mexicanas como Amarte Duele y Niñas mal. El resto del equipo está formado por autores con menos experiencia en el campo del guionismo como Daniel Krauze, Susana Casares, Flavia Atencio y José Luis Gutiérrez Arias. Esta fusión de talentos, en vez de contribuir, termina resultando en una historia irregular pues, aunque la serie arranca de forma prometedora, conforme avanza va perdiendo el encanto.

Los temas más interesantes que propone como la explotación a manos del padre, los excesos de Luis Miguel y las consecuencias que trajeron a su vida pero sobre todo sus roces con los círculos más poderosos y temibles de México son abandonados casi inmediatamente o tratados con la banalidad digna de telenovelas.

Después del tercer episodio, el guión se convierte en una cursi lista de agradecimientos. Siempre que Luis Miguel supera alguna situación difícil de un modo u otro, se recalca de manera exagerada la importancia de las personas que lo apoyaron. La lista va de la investigadora Inés Ramos, al manager Hugo López (que terminó por sustituir como padre a Luisito Rey), al empresario Jaime Camil Garza y un largo etcétera.

Además de aprovechar para agradecer a los que lo apoyaron y resaltar aún más la mala reputación de quienes le arruinaron la vida, Luis Miguel no desaprovecha la oportunidad de lavar su imagen. El arco narrativo de su personaje es un descarado acto de reivindicación que intenta eliminar su imagen arrogante, inalcanzable y déspota para dar paso a un Luis Miguel carismático que atribuye la responsabilidad de sus errores a la influencia de otras personas, especialmente a la de su padre Luisito Rey, encarnado por un Oscar Jaenada sumamente diabólico.

Luisito Rey is the new Catalina Creel

¿Hace cuánto tiempo no teníamos en México un personaje tan deliciosamente perverso como Luisito Rey? Oscar Jaenada en el papel del padre de Luis Miguel entrega una interpretación memorable. Al igual que las infames Soraya Montenegro y Paola Bracho, las únicas motivaciones de Luisito Rey son el dinero y el poder, cosas que está dispuesto a conseguir cueste lo que cueste, situación que hasta cierto punto lo convierte también un personaje unidimensional.

A pesar de esto, el personaje de Jaenada se convierte en la razón esencial para ver la serie. Su interpretación es exagerada, violenta y muchas veces raya en lo camp, sin embargo, nunca alcance el límite de lo ridículo, como Soraya Montenegro gritando “Satanás que siempre está de mi lado tiene que ayudarme.”

Luisito Rey es, además, un contrapeso emocionante a los bonachones Luis Miguel de Diego Boneta, Hugo López de César Bordón y, sobre todo, a la trágica figura materna de Marcela Basteri, interpretada con una gran precisión por Ana Favella, quien desarrolla con mucha credibilidad las luchas internas y externas de una madre amorosa que intenta sobrevivir al machismo más grotesco.

Boneta, por su parte, es una elección acertada para interpretar a Luis Miguel. Más que por el parecido físico es gracias a su habilidad para recrear la pasión interpretativa de Luis Miguel lo que realmente lo hace destacar. En la parte dramática, Diego no se esfuerza mucho por recrear la personalidad de Luis Miguel. Más allá de los conocidos tics como tocarse el cabello a cada segundo, Diego Boneta simplemente se dedica a darle un poco de emoción a las líneas del guión.

El resto del reparto no es tan afortunado. Particularmente Camila Sodi y el youtuber Juanpa Zurita muestran una falta de habilidad para expresar emociones o crear personajes destacables. Sus intentos de actuación rayan en lo risible o se vuelven desesperantes. Sodi no se ve tan fuera de lugar porque prácticamente se está interpretando a ella misma, pero los esfuerzos de Zurita por mostrar que puede alejarse del adolescente acelerado que muestra en Instagram y Youtube son difíciles de ver.

Al unirse las malas actuaciones al irregular guión, la serie se vuelve tediosa. El cliffhanger de una posible respuesta al misterio de la desaparición de Marcela se estira demasiado, los flashbacks dejan de tener una resonancia especial en el presente y muchos de los conflictos y soluciones de Luis Miguel se vuelven francamente risibles.

TELENOVELA… ¿CULPABLE O NO?

Luis Miguel: La Serie podrá agotar demasiado rápido sus fortalezas, sin embargo está lejos de ser una telenovela. Su aspecto visual y el guión conciso (con 13 episodios de duración a diferencia de los casi 100 de la serie de José José o Jenni Rivera) hablan de un interés por contar una historia con mejores estándares de calidad.

Definitivamente la vida de Luis Miguel da para una serie mucho más emocionante. Por desgracia es evidente que el cantante aún mantiene, además de un fuerte hermetismo sobre su historia, la necesidad de conservar una imagen pública impecable, cuestiones que influyen a la hora de desarrollar las bases del proyecto con mayor honestidad y matices.

Aún así, la serie persigue una tendencia por encontrar la forma de dejar atrás el formato de la telenovela y, aunque no lo logra por completo, tiene suficientes puntos a favor. La temporada que viene tiene un gran reto por delante pues al dejar atrás el enigma de Marcela y la crueldad de Luisito Rey, abandona los dos aspectos que mejor le funcionaron en su primer temporada. ¿Continuará abordando sus amores más polémicos, como Mariah Carey o Araceli Arámbula? ¿O incluirá su faceta de padre ausente? Temas sobran. Definitivamente el material en la vida real existe, mas habrá que ver si Luis Miguel permite que se siga explorando sobre su pasado, aunque eso implique, poner en cuestión su imagen de estrella inalcanzable. 

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